martes, 10 de diciembre de 2013

Y así me encuentro a veces, ¿ven? Enroscada en este oscuro laberinto al que muchos llaman mente. Con miedo de avanzar, de retroceder, de girar. Uno nunca sabe con qué clase de monstruo puede toparse en aquellos lugares. Entre las retorcidas ramas del árbol de nuestra cabeza, hay más de lo que cualquiera de nosotros sería capaz de imaginar. Y son, justamente, esas ramas las que se interponen en mi camino. Caen abruptamente sobre mi ser, lo aplastan, lo hacen pedazos, para luego dejarlo allí, tirado en la nada, en la fría y mojada tierra, humedecida por mis lágrimas. Y ahí reconozco mi derrota. ¿Qué victoria me espera? Ya ninguna. Sin la fuerza necesaria para volver a posarme sobre mis pies, digo adiós. Adiós a la vida y al amor. Adiós a la felicidad, a la libertad, al aire, al agua. Adiós a todo lo que alguna vez me hizo sentir viva. Adiós a mí misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario