domingo, 19 de enero de 2014

Un poco de esperanza

En esto se basan mis días. En la tortura constante, en la aceptación de mi realidad, tan sucia como triste. Termino sentada, sonriéndo ante la miserable idea de una frustación más poderosa que yo. Vencida, pero no cansada.
Me hundo en la desesperación, y dejo que kilos de tensiones y falsas espectativas me aplasten, sumiéndome en una profunda y dolorosa agonía, de la cual todavía no logro encontrar la salida.
Y así es como se me pasa la vida. Se me va de las manos, como agua escurriéndose por mis dedos, que hacen lo posible para aferrarse a ella, aún sabiendo que es imposible. Pero me queda una esperanza. Sé que hay algún destello de luz en medio de esta oscuridad, escondido, quizá, detrás de algún horrible pensamiento que no me atrevo a tocar. Sólo es cuestión de tomar valor y, quién sabe, tal vez sí pueda ser feliz después de todo.

martes, 14 de enero de 2014

Partículas

A veces me siento una pequeña partícula de nada, flotando en un aire contaminado de sentimientos de todo tipo, que afloran de personas de todo tipo. A veces, mirando las estrellas, me doy cuenta de lo minúsculos que somos y de lo infinito que es el lugar en el que estamos. Y eso me da miedo. Como dije antes, a veces me siento pequeña, y en esos momentos confirmo que soy pequeña. Que somos pequeños. Que la magnitud de lo qur nos rodea es mucho mayor de lo que imaginamos. Y que no somos dioses, al contrario, no somos más que una miserable partícula de vida flotando en la inmensidad del universo.

martes, 7 de enero de 2014

Estoy en guerra conmigo misma. Las cosas que antes me aborrecían, ahora me agradan. Los sentimientos que nunca pensé que iba a sentir, son ahora mi día a día. Me estoy alejando de lo que soy, o de que era, o de lo que fui. Ya no sé. Me estoy convirtiendo en ser humano que nunca quise ser.
A veces siento voces en mi cabeza. Cada vez que me siento a comer, cada vez que me miro al espejo, cada vez que me mido ropa en el probador de alguna tienda. Lo único que hacen es recordarme mis errores, una, y otra, y otra vez. Pero no son voces ajenas, es mi voz. Como intentando torturarme, me agarran de los pies y me arrastran a la más profunda oscuridad. Me llevan a ese maldito lugar al que nunca quise llegar. Y empiezo a arrepentirme. Lloro, empiezo a llorar. Pero de nada sirven las lágrimas (créanme, de nada) una vez que te perdiste en el camino, así como no sirve querer despertar cuando lo que estás viviendo no es un sueño.
¿Y si ya es demasiado tarde? ¿Y si ya estoy enferma perdida? Porque me siento perdida. Y siento que ya es
tarde.